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viernes, 21 de noviembre de 2025

EL TRIBUNAL DE CRISTO


 “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.” (2ª Corintios 5:10)

Pablo escribe esta carta a los cristianos de la ciudad de Corinto. Es pertinente aclarar que todas las cartas de Pablo están dirigidas a los cristianos, a los que han sido salvos por la gracia de nuestro Señor Jesucristo. La Biblia le habla a los creyentes salvos, nunca a los inconversos, a éstos lo único que les dice es lo que Juan el Bautista dijo: ¡Arrepentíos!

Cuando Pablo dice que es necesario que “todos nosotros”, está diciendo todos los salvos. Significa que todos sin excepción estaremos delante de Cristo. Este Tribunal no es para juicio, porque Cristo ya pagó en su totalidad nuestra deuda de pecado y en Él hemos sido justificados y santificados.

En este Tribunal, Cristo examinará lo que cada uno de nosotros hizo en la misión evangelizadora. De los resultados de este examen, depende que recibamos recompensas eternas de parte del Señor. (1ª Corintios 3:11-20).

Pablo explica el trabajo de evangelizar, usando la comparación de un edificio en construcción. El fundamento del edificio es Cristo. Los creyentes somos los constructores que levantamos ese edificio, sobre el fundamento. Como constructores, cada uno de nosotros tiene la libertad de usar diferentes materiales: oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca. (V. 12)

Ser constructores no se refiere exclusivamente al trabajo de evangelizar por medio de la predicación o de la enseñanza, sino también a nuestra manera de vivir como cristianos. La manera en que nos comportamos ya sea en público o en privado. Sin olvidar nunca que Dios nos envía para ser sal y luz del mundo.

El oro, la plata y las piedras preciosas, son materiales permanentes y de gran valor. La madera, el heno y la hojarasca, son perecederos y sin valor.

El creyente, independientemente del material que use como constructor, es salvo; pero si nuestra meta es agradar a Dios, usaremos los materiales de gran valor.

“La obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada, y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.” (1ª Corintios 3:13)

El oro, plata y piedras preciosas son los frutos del Espíritu. El creyente que con ellos construye se evidencia por su paciencia, benignidad, templanza, bondad, fe, humildad, todo bajo la guía del Espíritu Santo. Su obra no será quemada por el fuego y recibirá recompensa. (1ª Corintios 3:13)

La madera, heno y hojarasca, son materiales que hablan de carnalidad. Las obras de estos creyentes revelan su orgullo, egoísmo y vanagloria. Su obra será quemada y no tendrá ninguna recompensa. Eso será muy triste y vergonzoso.

Pablo nos exhorta a no engañarnos a nosotros mismos y dice que si alguno se cree sabio, se haga ignorante, para llegar a ser sabio; porque la sabiduría de este mundo es imprudencia para con Dios. Ningún conocimiento adquirido en este mundo puede impresionar a Dios, porque Él es Omnisciente. Él ama al humilde y lo bendice. Construyamos con oro, plata y piedras preciosas.

La sabiduría es el temor del Señor y la inteligencia, el apartarse del mal. (Job 28:28)

Una buena pregunta sería: ¿Qué revelará el Tribunal de Cristo en mí?

Lo que hoy nos debe preocupar y ocupar es llevar la Palabra de Dios a las almas perdidas.

Que Dios nos ayude a todos.

La gloria y la honra sean dadas a Dios.

miércoles, 15 de octubre de 2025

LA JUSTA IRA DE DIOS


  “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra la impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifestado, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.” (Romanos 1:18-19)

En su presentación del evangelio, Pablo empieza explicando las razones que han motivado la justa ira de Dios contra el hombre y demuestra la culpabilidad de éste: 

PRIMERA RAZÓN: DIOS SE HA REVELADO Y NO LE HAN CREÍDO

Dios se ha manifestado a la humanidad a través de su Creación. El universo refleja el poder y la perfección de su Creador. No hay excusas, pues la Creación de Dios es evidente y tangible. No obstante, desde que el hombre desobedeció a Dios en el jardín del Edén, han surgido mentes que, con una lógica completamente ilógica, atribuyen la Creación a una explosión cósmica, la teoría del Big Bang. Otros la adjudican a la evolución. En definitiva, todas estas teorías absurdas buscan anular la realidad de un Dios omnipotente y negar su existencia.

LA SEGUNDA RAZÓN: EL HOMBRE LE HA DADO LA ESPALDA A ESA REVELACIÓN

El hombre le ha dado la espalda a Dios y Dios ha descargado su ira visible contra él. En los siguientes pasajes podemos constatarlo:

1. Adán y Eva, vieron la gloria de Dios, estuvieron cerca de Él y hablaban con Él. Después de pecar, se escondieron de Dios. Le dieron la espalda. (Génesis 3:6-7)

Ira de Dios: Les echa del Paraíso, los condena a muerte eterna y maldice la tierra. (Génesis 3:15-19)

2. Al multiplicarse el hombre, vio Dios que la maldad era mucha en la tierra (Génesis 6:5)

Ira de Dios: Envía un diluvio que destruyó todo lo que tenía vida (Génesis 7:21)

3. El orgullo del hombre cree que puede llegar al cielo sin necesidad de la ayuda de Dios, entonces deciden construir la torre de Babel. (Génesis 11:4)

Ira de Dios: Confunde el lenguaje de toda la tierra. (Génesis 11:9)

4. Sodoma y Gomorra caen en la depravación completa, la inmoralidad sexual es insufrible. (Génesis 18:20)

Ira de Dios: Envía fuego y azufre, destruye a las dos ciudades y a sus habitantes. (Génesis 19:24)

5. El pueblo de Israel continuamente violenta las leyes morales de Dios (Génesis Cap. 30 al 56)

Ira de Dios: Israel es sometido a esclavitud en Egipto, por 430 años. (Éxodo 12:40)

6. El pueblo de Israel, después de ser liberado por Dios, de la esclavitud, le da la espalda y hacen un becerro de oro para adorarle como a un dios. (Éxodo 32:7-8)

Ira de Dios: Se encendió la ira de Dios e hirió al pueblo, matando ese día a 23000. (Éxodo 32:35 y 1ª Corintios 10:8)

El Antiguo Testamento detalla numerosas ocasiones en las que la humanidad se alejó de Dios y cómo Él respondió con ira y sin misericordia. Sin embargo, los ejemplos mencionados son suficientes para ilustrar este punto.

7. Llegamos al Nuevo Testamento y vemos que Dios le muestra su gloria al hombre, una vez más. Envía a su Hijo unigénito: le humillan, le escarnecen, le rechazan y le crucifican. Hoy también le siguen rechazando, tanto incrédulos como practicantes de falsas religiones cristianas.

LA TERCERA RAZÓN: EL HOMBRE NO HA GLORIFICADO A DIOS NI LE HA DADO GRACIAS

¿Qué significa glorificar a Dios? Es confesar que Jesucristo es Dios y Señor de nuestra vida. (Filipenses 2:11) Que sólo por medio de Él podemos ser salvos y tener vida eterna.

Dios siente ira por la humanidad que ha rechazado a Su Hijo y ejecutará su juicio el “Día de la ira de Dios.”

LA CUARTA RAZÓN: EL HOMBRE SE ENVANECIÓ EN SUS RAZONAMIENTOS

Dice Pablo: “se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido, profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible.” (Romanos 1:21-23)

El hombre, impulsado por su rechazo a un Dios de ira y juicio, comenzó a utilizar su mente distorsionada para tejer argumentos filosóficos que cuestionan la existencia de ese Dios en el que los elegidos hemos creído, o lo contradicen tal como lo describe la Biblia. Rechazan la idea de que la Biblia sea la Palabra de Dios santa e infalible; es más, ni siquiera Satanás proclamaría tal absurdo. Sin embargo, el hombre, con su mente oscurecida, profiere tantas absurdidades que incluso Satanás se repugna ante la idea de acogerlos en su dominio.

Estas reflexiones humanas, bajo la influencia de una mente confundida, han llevado a la formulación no sólo de teorías filosóficas sin fundamento, sino también de religiones que han creado un dios benevolente, que no sanciona el pecado y permite que cada quien actúe según sus propios deseos. Un dios a imagen y semejanza del hombre.

Nadie ha visto a Dios, ya que es Espíritu, y el hombre ha intentado reducir a Dios a su propio nivel, creando con sus manos esculturas humanas para representarlo. La intención perversa detrás de esto es convencer a los ingenuos de que Dios es un hombre como nosotros y que su falta de revelación física es propia de un dios vanidoso y arrogante, al estilo de un actor de Hollywood. Sin embargo, los paparazzi astutos han pretendido capturarlo y despojarlo de su divinidad para mostrarlo al mundo en imágenes, las cuales son, por cierto, terribles. Así surgieron las representaciones de un dios con forma humana, con rostro bondadoso y sufriente, que perdona todo. Pero ese no es el verdadero Dios, sino un ídolo creado por la maldad del hombre pecador. Y Dios no perdonará la idolatría.

 El hombre reconocerá su error cuando venga el día de la ira de Dios, como es descrito en el libro de Sofonías 1:14-18.

“Dios está airado contra el impío cada día” (Salmo 7:11), y no perdonará a los hombres que no se arrepientan y que no reconozcan que Él es Soberano y que puede y tiene derecho de gobernar al hombre; porque Él lo creó.

La buena noticia es que DIOS DESEA SALVARNOS DE SU IRA y ofrecernos vida eterna a través de Jesucristo.

Cuando reflexiono sobre la ira de Dios, que con toda justicia podría haberse desatado sobre mí, sólo puedo llorar de gratitud infinita y estar agradecido en todo momento. Si esto no representa nada para quien no cree, claramente no está en los designios divinos ser salvado de tal ira.

Puedes estar seguro de que no te perderás por falta de oportunidad, sino por rechazar la oportunidad que Dios te brinda a través de sus mensajeros, quienes día tras día llevamos el mensaje de salvación a las almas que se han perdido.

La gloria y la honra sean dadas a Dios

 

lunes, 6 de octubre de 2025

QUIÉN ES DIOS Y QUIÉN ES EL HOMBRE


 QUIÉN ES DIOS Y QUIÉN ES EL HOMBRE

Lectura: Romanos capítulos 1-12

Siempre es difícil predicar la Palabra de Dios, y cualquiera que lo haga debería hacerlo con temor y con temblor, entendiendo que sólo podemos hacerlo por medio de la sabiduría de Dios, a través del Espíritu Santo.

Como dice el apóstol Pablo en su carta a los Romanos, debemos ser siervos de Jesucristo, esclavos de Jesucristo, apartados para el evangelio de Dios. Predicar no es un pasatiempo, no es una manera para ser famosos ni para ser felicitados.

Si de verdad anhelamos ser esclavos de Jesucristo y vivir una vida cristiana como a Dios le agrada, es indispensable conocer en profundidad quién es Dios y quiénes somos nosotros.

En los primeros tres capítulos de la carta a los Romanos, Pablo deja muy claro quiénes somos nosotros, nos revela nuestra miseria humana, nuestro pecado. Nos muestra que en nosotros mismos y en nuestras obras, no tenemos ni la más remota esperanza de ser salvos; porque todos nos descarriamos y nos hicimos inútiles delante de Dios. Sepulcros abiertos somos y en nuestro corazón sólo hay maldad y rebelión contra Dios y contra todas sus leyes. Eso es lo que somos todos sin excepción, vasos de barro inservibles que merecemos la condenación eterna. Eso es lo que Dios piensa de nosotros, y dice que todos merecemos estar encerrados, sin esperanza, en la oscuridad eterna.

Entonces, ¿Por qué somos tan insensatos y faltos de entendimiento y nos jactamos de nuestras capacidades, de nuestra inteligencia humana, de nuestra “bondad”? Vergüenza debería darnos sentirnos así delante de Dios, delante de los demás y delante de nosotros mismos, ni siquiera por error deberíamos pensar que servimos para algo.

Luego de enseñarnos qué es lo que somos, en los capítulos 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10 y 11, Pablo nos muestra las misericordias de Dios en la obra de Jesucristo. Después de ocho largos capítulos, para describir la grandeza incomparable de las misericordias de Dios hacia nosotros, en la persona de Jesucristo, Pablo nos dice que basados en las misericordias de Dios debemos vivir como sacrificios vivos, esto significa, una renuncia total a nuestros deseos, a nuestra voluntad, a nuestra propia estima y someternos como esclavos a Jesucristo; porque le pertenecemos, porque fuimos comprados con su sangre preciosa. Nos compró como si tuviésemos algún valor, pero fue por su misericordia y porque nos amó desde antes de la fundación del mundo.

Los verdaderos creyentes no necesitan escuchar sermón tras sermón que dicte reglas de conducta, exhortaciones y MUCHO MENOS, MÉTODOS Y ESTRATEGIAS PARA LLEVAR A CABO PROYECTOS TERRENALES, PORQUE ESTAS ÚLTIMAS ENSEÑANZAS SON DOCTRINAS DE DEMONIOS.

Lo que el creyente debe conocer es la grandeza de Dios, quién es Él, conocer sus atributos revelados en su Palabra. Cuando conocemos los atributos de Dios y su Perfección, entonces nos damos cuenta de que Él es digno de que seamos sus esclavos. Nos damos cuenta de que somos miserables, que somos gusanos de la tierra, y una profunda tristeza y vergüenza invadirá nuestro ser, nacerá la humildad que es indispensable para ser siervos de Dios. Todo orgullo será echado por tierra y nunca más tendremos valor de creernos útiles o merecedores de algo.

Entre más conocemos a Dios, más le amamos. Para conocer los atributos de Dios, es necesario sumergirse en un estudio serio y profundo, de años, porque no es un conocimiento que pueda obtenerse en un cursillo, en un Seminario, en un semestre y menos de un día para otro; porque Dios es infinito.

Cuando conozcamos a Dios, entonces vamos a caminar en santidad y podremos predicar con autoridad. 

Cuando conozcamos al verdadero Dios de la Biblia, entonces vamos a entender nuestra pequeñez, nuestra miseria, y nadie tendrá que enseñarnos ni exhortarnos. Nadie tendrá que decirnos “levante las manos, alabe a Dios, adore al Señor.”

Delante de Dios sólo somos polvo y gusanos de la tierra, no tenemos nada de que jactarnos.

La gloria y la honra sean dadas a Dios.

domingo, 31 de agosto de 2025

CÓMO AMAR AL ENEMIGO


 Cita: “Amad a vuestros enemigos” (Mateo 5:44)

El cristiano evangélico, en todo momento, se encuentra bajo la atenta observación del adversario, quien busca cualquier motivo para señalarlo y desmantelarlo. Se nos reprocha por ser indolentes y temerosos. Por ello, debemos aferrarnos a la Palabra de Dios, con el fin de comprender cuál debe ser la postura adecuada del cristiano. Dios es amor, tal como lo establece la Biblia. Sin embargo, se trata del amor ágape, cuyos pilares fundamentales son la Verdad, la Paz y la Justicia.

Durante su ministerio terrenal Jesús tuvo acérrimos enemigos, sobre todo los fariseos. Su discurso en contra de ellos fue directo y fuerte. Nunca los trató con palabras suaves ni con medias verdades. Les llamó hijos del infierno, guías ciegos, insensatos, llenos de robo y desenfreno, sepulcros blanqueados, serpientes, generación de víboras. (Mateo 23: 15-33).

No encontramos en los evangelios ninguna referencia a que Jesús le haya pedido perdón a sus enemigos ni que se haya disculpado por su lenguaje fuerte. Al contrario, siempre los denunció por la injusticia social y económica (Mateo 23:23-26). A los mercaderes les llamó “cueva de ladrones” (Mateo 21:13).  Su protesta era contra toda injusticia y la impiedad en cualquier forma.

Incluso llamó Satanás a Pedro cuando éste quiso interferir en su misión, (Mateo 16:33) porque el Maestro siempre fue perfecto y nunca hizo acepción de personas. Su justicia es perfecta.

En la última semana de su ministerio, Jesús encabezó lo que hoy llamaríamos “una marcha subversiva”, que provocó la furia de las autoridades cívicas. (Mateo 21:8).

Luego ocurre lo inexplicable para muchos: Jesús ruega al Padre pidiendo perdón para sus enemigos (Lucas 23:34), se refería a la turba manipulada por los sacerdotes. Aquí expresó la forma más sublime del amor hacia el enemigo. Esto no contradice a la denuncia hecha por Jesús ni es una manera de retractarse por su discurso fuerte. En Jesús no existe la contradicción.

Amor no es callar ante las injusticias. Amor no es igual que permanecer aislado de la verdad y hacerse de la vista gorda. La indiferencia ante la masacre de nuestros hermanos niega el amor al prójimo, que deberíamos amar como a nosotros mismos que, seguramente protestaríamos si la injusticia nos tocara directamente, si tuviéramos nosotros que poner a los muertos.

La pregunta es: ¿Cómo amar al enemigo)

Igual que lo hizo el Maestro. Denunciando la injusticia y condenando la crueldad. Diciendo la verdad, para que resplandezca la paz y la justicia. No es asesinando a los que nos asesinan; porque entonces vendríamos a ser peor que ellos. La denuncia tajante es la manera en que Jesús mostró su amor al enemigo, esperando que se arrepintieran; porque Él no desea que las almas se pierdan.

Hay que denunciar, pero también hay que orar como lo hizo Jesús, pedir por el enemigo, que se arrepienta. Predicarle el evangelio y la gracia salvadora de Dios. ¿Para qué? “Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:44).

La gloria y la honra sean dadas a Dios

domingo, 10 de agosto de 2025

EL JUICIO DE DIOS VS EL JUICIO DE LOS HOMBRES


Cuando el rey David cometió el pecado de censar al pueblo de Israel, lo reconoció y  pidió perdón. 
Entonces Dios le propuso escoger un castigo de entre tres opciones: tres años de hambre, o ser derrotado por tres meses por sus enemigos, o tres días bajo la espada de Jehová. 

El rey David respondió: "Ruego que yo caiga en la mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas en extremo; pero que no caiga en manos de hombres". Esta maravillosa declaración nos debería llevar a cuestionar la forma en que tratamos a otros.

A David, la sola idea de caer en mano de los hombres le aterra; porque sabe que el hombre es cruel para castigar y que no es capaz de sentir un ápice de misericordia. Dios, si bien castiga, lo hace con justicia y con misericordia, y también sabe perdonar. 

Pero el hombre sólo quiere destruir, exiliar, humillar, ningunear y matar a otro ser humano que se equivoca. 

Lo grave de esto es que cuando un creyente es el que pretende tomar el lugar de Dios -juzgando, condenando e imponiendo castigo- castigo busca para sí mismo, porque Dios no le ha puesto por juez. 

Además, el "creyente" que se convierte, no en justiciero, sino en verdugo, viene a ser piedra de tropiezo para que otros vengan a Cristo, pues nadie querrá ser verdugo como él.


En resumen, el texto nos advierte sobre la importancia de no actuar como si fuéramos Dios, juzgando y condenando a otros, ya que esto puede tener consecuencias negativas para nosotros mismos y para los demás en nuestra comunidad de fe. Es importante recordar que solo Dios tiene el poder de juzgar y castigar, y que nuestra labor como creyentes es actuar con amor y compasión hacia los demás.

Que Dios nos ayude a todos.

 

miércoles, 30 de julio de 2025

DIOS NOS VISTE


 Lectura: Génesis 3:1-21

Cita: Génesis 3:21 “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.”

 

La tentación es una oferta insuperablemente sorprendente, tanto que es capaz de desconectar los circuitos de la razón y de la memoria, haciendo que se nos olvide que las decisiones erradas tienen costos impagables.

Desde el principio Satanás ha sido el seductor por excelencia: primero ofrece lo inalcanzable. Luego, cuando el hombre consuma su pecado, le hace sentir miedo de Dios y vergüenza. Así lo leemos en esta historia que narra la caída de Adán y Eva en el paraíso. Después que pecaron se escondieron en el huerto, no querían ver a Dios, tuvieron miedo y vergüenza porque estaban desnudos.

Los seres humanos muchas veces actuamos de la misma manera que Satanás. Cuando alguien comete un pecado que nos parece grave, descubrimos su vergüenza, lo pregonamos por todo el mundo, le desnudamos ante todos para hacerle sentir como miserable e indigno del perdón de Dios.

Pero Dios siempre tiene misericordia del pecador y cuando Adán y Eva se sintieron miserables porque estaban desnudos, Él mismo les hizo túnicas de pieles y los vistió.

Dios no quiere la muerte del pecador, no quiere condenarle, no quiere destruirle. Él sólo quiere perdonarle, reconciliarle con Él, hacerle una nueva criatura y darle vida eterna.

Si entendemos lo infinito de la misericordia de Dios, nunca deberíamos sentir miedo de que Él nos condene, porque, aunque nuestros pecados sean negros o rojos, Él puede hacerlos blancos como la nieve y nunca más acordarse de ellos.

No importa lo que hayas sido en el pasado, si estás arrepentido y Jesús es tu salvador personal, lo único que Él quiere de ti es que le entregues tu corazón, porque te ama con amor eterno, porque dio su vida por ti en la cruz del Calvario, nunca te va a rechazar, porque no es hombre rencoroso, Él es Dios de toda misericordia.

Pensar que Dios todos los días está afanado revisando nuestra lista de pecados para echárnoslo en cara en la menor oportunidad, eso es bajar a Dios al nivel humano. Él es Santo y su perdón es perfecto, Él levanta al caído, le restaura, le da una nueva vida, inscribe su nombre en el libro de la vida y lo hace ciudadano de Su Reino.

Levanta tu mirada al cielo, porque ahí está el único que tiene poder para juzgar, para perdonar y para regalar vida eterna. Satanás ha sido derrotado y nunca podrá separarte del amor de Dios que es en Cristo Jesús. ¡Gloria a Dios!

 

Pensamiento: Mientras el hombre desnuda los pecados de su prójimo. Dios viste nuestra vergüenza con su amor y su misericordia.

La gloria y la honra sean dadas a Dios

 

martes, 8 de julio de 2025

QUÉ DIFÍCIL ES MENGUAR


 

Juan 3:30 “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”

Juan no fue escogido por un hombre ni por ninguna institución humana, sino por el mismo Dios, para preparar el camino del ministerio terrenal de Su hijo Jesús.

Juan vivió su ministerio en el desierto, comiendo legumbres y vistiendo con pieles de animales. Siempre aclaró que no era a él a quien debían darle importancia, sino al que venía después de él; tan majestuoso y poderoso que él “no era digno ni de amarrarle la correa de sus sandalias” (Juan 1:27)

Lo que Juan quería decir es que debe haber más Cristo y menos de nosotros. Menos ego, menos “yo”, porque la gloria es toda para Dios.

Muchos predicadores no han comprendido esta realidad y observamos que se promocionan exhibiendo grandes imágenes suyas en primer plano; para disimular, incluyen alguna referencia a Jesús, pero esta queda relegada a un segundo plano. Es decir, le dan la espalda a Jesús.

Y luego llega el momento del mensaje, donde abundan los ejemplos personales o familiares, como si no hubiera suficiente riqueza en la Palabra de Dios para extraer de ella los ejemplos necesarios.

Pero un día estarán frente a Dios y rendirán cuentas de su orgullo, de jactarse con un ministerio cuyo propósito es únicamente Cristo.

Jesús mismo, dijo que “entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista”.

Es necesario que quien anuncia el Reino de Dios sea humilde, que aprenda a menguar para que la persona de Jesucristo sea engrandecida y glorificada.

Si es triste perderse en el mundo, es mucho más triste perderse estando dentro de una iglesia, y peor aún, siendo ministro.

La gloria y la honra sean dadas a Dios.