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domingo, 31 de agosto de 2025

CÓMO AMAR AL ENEMIGO


 Cita: “Amad a vuestros enemigos” (Mateo 5:44)

El cristiano evangélico, en todo momento, se encuentra bajo la atenta observación del adversario, quien busca cualquier motivo para señalarlo y desmantelarlo. Se nos reprocha por ser indolentes y temerosos. Por ello, debemos aferrarnos a la Palabra de Dios, con el fin de comprender cuál debe ser la postura adecuada del cristiano. Dios es amor, tal como lo establece la Biblia. Sin embargo, se trata del amor ágape, cuyos pilares fundamentales son la Verdad, la Paz y la Justicia.

Durante su ministerio terrenal Jesús tuvo acérrimos enemigos, sobre todo los fariseos. Su discurso en contra de ellos fue directo y fuerte. Nunca los trató con palabras suaves ni con medias verdades. Les llamó hijos del infierno, guías ciegos, insensatos, llenos de robo y desenfreno, sepulcros blanqueados, serpientes, generación de víboras. (Mateo 23: 15-33).

No encontramos en los evangelios ninguna referencia a que Jesús le haya pedido perdón a sus enemigos ni que se haya disculpado por su lenguaje fuerte. Al contrario, siempre los denunció por la injusticia social y económica (Mateo 23:23-26). A los mercaderes les llamó “cueva de ladrones” (Mateo 21:13).  Su protesta era contra toda injusticia y la impiedad en cualquier forma.

Incluso llamó Satanás a Pedro cuando éste quiso interferir en su misión, (Mateo 16:33) porque el Maestro siempre fue perfecto y nunca hizo acepción de personas. Su justicia es perfecta.

En la última semana de su ministerio, Jesús encabezó lo que hoy llamaríamos “una marcha subversiva”, que provocó la furia de las autoridades cívicas. (Mateo 21:8).

Luego ocurre lo inexplicable para muchos: Jesús ruega al Padre pidiendo perdón para sus enemigos (Lucas 23:34), se refería a la turba manipulada por los sacerdotes. Aquí expresó la forma más sublime del amor hacia el enemigo. Esto no contradice a la denuncia hecha por Jesús ni es una manera de retractarse por su discurso fuerte. En Jesús no existe la contradicción.

Amor no es callar ante las injusticias. Amor no es igual que permanecer aislado de la verdad y hacerse de la vista gorda. La indiferencia ante la masacre de nuestros hermanos niega el amor al prójimo, que deberíamos amar como a nosotros mismos que, seguramente protestaríamos si la injusticia nos tocara directamente, si tuviéramos nosotros que poner a los muertos.

La pregunta es: ¿Cómo amar al enemigo)

Igual que lo hizo el Maestro. Denunciando la injusticia y condenando la crueldad. Diciendo la verdad, para que resplandezca la paz y la justicia. No es asesinando a los que nos asesinan; porque entonces vendríamos a ser peor que ellos. La denuncia tajante es la manera en que Jesús mostró su amor al enemigo, esperando que se arrepintieran; porque Él no desea que las almas se pierdan.

Hay que denunciar, pero también hay que orar como lo hizo Jesús, pedir por el enemigo, que se arrepienta. Predicarle el evangelio y la gracia salvadora de Dios. ¿Para qué? “Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:44).

La gloria y la honra sean dadas a Dios

lunes, 2 de diciembre de 2024

ESCRIBAS Y FARISEOS


 “Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen.” (Mateo 23:3)

Los Fariseos, pertenecían a una de las principales sectas del judaísmo. Eran gente del pueblo y no tenían la formación intelectual de los Escribas; pero eran muy respetados por el pueblo.

Los Escribas o “doctores de la ley” eran los intelectuales. Ellos estudiaban varios años para obtener el título de Rabí. Eran venerados por el pueblo, sus palabras eran ley y los fariseos les obedecían ciegamente.

En Mateo, todo el capítulo 23, registra la fuerte crítica de Jesús a los fariseos y escribas; porque ellos no glorificaban a Dios, sino que estaban enfocados en hacer dinero y en ser elogiados por la gente.

En los versos 6, 7 y 8, Jesús los describe como personajes que llegaban a la Sinagoga para ser el centro de atención. Su máxima satisfacción era ser llamados Rabí. Pero todo era hipocresía cubierta bajo el manto de la religiosidad y el legalismo. A Jesús, esto le provocaba repudio y asco, por eso les llama hipócritas, pues “lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe,” no era lo que practicaban.

Toda la enseñanza de los fariseos y escribas era meramente teórica, como címbalo que resuena; pues con sus actitudes demostraban todo lo contrario. Ante el pueblo se ponían una máscara de bondad y de perfección. Se presentaban como gentes sin mancha y sin arruga, pero en sus corazones había iniquidad, sentimientos egoístas y orgullo; menospreciaban a la gente.

En Marcos 7:11-13, se registra un señalamiento que Jesús hace a los fariseos y escribas. “Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte, invalidando la palabra de Dios.”

Si un hijo se enojaba contra sus padres, podía declarar que todos sus bienes eran Corbán, y esto era permitido por los fariseos y escribas. Jesús se llenaba de ira ante estas cosas, porque ellos habían invalidado la ley de Dios y veían como poca cosa el respeto y la honra a los padres.

Así eran los fariseos y escribas, sin ningún temor de Dios, y encima se presentaban ante la gente como personas intachables. Jesús otra vez les llama hipócritas, “porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia.” (V 25)

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos muertos y de toda inmundicia.” (V 27)

Fariseos y escribas, eran seres despreciables ante los ojos de Dios, eran pura apariencia de pureza y de amor, pero en sus corazones sólo había iniquidad. Sólo les interesaba el protagonismo, ser las estrellas de la comunidad, ser alabados por todo el mundo y que los demás les considerasen como importantes en sus vidas.

Ellos podían engañar a toda la gente, de hecho, eran buscados para recibir consejo sabio y los incautos los abrazaban, lloraban sobre sus hombros y les decían “hermanito, usted es un ungido de Dios, tiene mucha sabiduría y yo confío en su consejo,” y no sentían el olor a inmundicia que salía de ellos. Pero Dios no puede ser burlado, porque Él conoce los corazones de los hombres. Y a veces, la familia tampoco puede ser engañada, la gente conoce a los fariseos de su casa; porque con la familia se muestran sin máscara.

“¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?” (V 33)

Los fariseos sabían que eran hipócritas, pero se ofendían por la verdad y querían matar a Jesús.

Sin embargo, Jesús nunca les odió, les habló así por amor, para que se arrepintieran y fuesen salvos, pero ellos le rechazaron y no descansaron hasta verle crucificado. El llamado de Jesús, a los suyos, fue: “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mateo 5:20)

La gloria y la honra sean dadas a Dios